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Historias de Voluntarios

Voluntarios del Hogar Infantil Santa Lucía escribieron cartas a Melaleuca y compartieron sus opiniones sobre los niños.


Omar es uno de los niños del hogar Santa Lucía y ha sido uno de los que más he disfrutado llegar a conocer. Cuando nos conocimos, él casi no me hablaba, pero después de hablarle en varias oportunidades, finalmente se abrió. Puedo notar que ha pasado por momentos muy difíciles; sin embargo, es un niño muy dulce y divertido. Él disfruta de jugar fútbol y es muy talentoso. Cuando realizamos actividades, el pone a trabajar su creatividad y se enorgullece de su trabajo. ¡yo adoro a este niño!

- Britten Anderson

Una experiencia maravillosa que tuve en el hogar Santa Lucía y que siempre recordaré, fue mi primer día allí. Estábamos leyéndole a los niños un cuento llamado “dónde se encuentran las cosas salvajes”. Mientras leíamos, los niños hacían dibujos sobre el cuento. Hubo una niña que se acercó a mí y se sentó en mis piernas. Ella escuchó el cuento y dibujo lindos monstritos con árboles y estrellas a su alrededor. Ella sonrió todo el tiempo mientras dibujaba. Eso hizo que me dieran ganas de que la niña se quedara en mis piernas para siempre. Ella estaba tan contenta. Yo disfruté cada minuto de ese primer día.

- Aneesa Harash

El hogar Santa Lucía fue uno de los primeros orfanatos a los que fui como voluntaria en Quito. Recuerdo que estaba un poco nerviosa e insegura. No sabía que esperarme y qué papel desempeñaría. Habían cuatro voluntarios más en ese turno. Nunca olvidaré lo que pasó cuando entramos al hogar. Todos los niños salieron corriendo para recibirnos con los brazos abiertos y gritaban “hola chicas”. Ellos corrieron de voluntario a voluntario repartiendo abrazos de bienvenida. Todas mis inseguridades se desvanecieron de inmediato. ¡Creo que esa es la mejor bienvenida a Ecuador que cualquiera puede recibir!

- Cady Williams

¡Heraldo es un niño grandioso! Él asiste a la escuela, así que no participa en todas las actividades con los voluntarios; sin embargo, cada vez que está presente, tiene una gran sonrisa y nos da abrazos. Él siempre tiene una buena actitud y le gusta aprender cosas nuevas. Un día, trajimos libros para leerle a los niños, pero a la final, ¡él terminó leyéndome a mí! Ahora él me pide que traiga el mismo libro para poder seguirlo leyendo hasta el final. ¡A él le encanta! Él y los demás niños del hogar Santa Lucía siempre tendrán un lugar especial en mi corazón.

- Britten Anderson

Una de las experiencias que más he disfrutado en el hogar Santa Lucía fue el día en el que pintamos con los dedos y con sellos llenos de pintura. Utilizamos un envase de metal, pintura lavable, cartulina de construcción y esponjas con varias formas. Todos los niños comenzaron de manera ordenada y con calma. Ellos sumergían las esponjan en la pintura y luego las asentaban sobre papel. Sin embargo, a la final, muchos pensaron que era mucho más divertido el mezclar los colores y crear colores con tonalidades grisáceas o marrones. Ellos estaban muy orgullosos de sus obras de arte. Incluso, encontramos una camiseta y le pedimos a los niños que estamparán las palmas de sus manos sobre ella. Ellos se dejaron llevar por la emoción y yo salí de esa actividad con huellas de manos en mis brazos y cuello. ¡Fue algo increíble!

- Aneesa Harash

Una tarde en particular, hicimos una actividad en la que los niños debían intentar morder unas rosquillas que estaban guindadas sin hacer uso de sus manos. La mayoría de los niños se levantaron de inmediato para comenzar con la actividad. Ellos disfrutaron mordiendo de esas rosquillas que dejaron sus rostros cubiertos de azúcar. Estaban llenos de risa.

Nos sorprendimos cuando una niña, Marjurie, no quería participar en esta actividad. Cuando le preguntamos por qué, ella se escondió detrás de una de sus voluntarias favoritas. Seguimos tratando de incentivarla para que participara, explicándole que si quería, podía simplemente comerse la rosquilla. Eventualmente, tomamos un pedacito de rosquilla y se lo dimos para que lo probara. Después de dar el primer mordisco, ¡sus ojos se iluminaron! Ella quería morder la rosquilla que estaba guindada. ¡Nos dimos cuenta de que el problema era que ella nunca había probado una rosquilla y que no sabía lo que era!

- Cady Williams

Querida Melaleuca:

Al entrar al orfanato Santa Lucía, puedo sentir el amor que los niños le tienen a los voluntarios y a los otros niños. Me encanta llegar a la puerta y tener a cuatro o cinco niños gritando "¡Chica, Chica!" y corriendo a darme un gran abrazo. Al entrar al edificio, ellos continúan abrazándonos y hablándonos, nos preguntan qué casa pensamos visitar primero, qué actividad tenemos planeada y nos informan de quienes no estarán allí ese día.

Quiero tanto a estos niños. Todos los días en Santa Lucía son una aventura, y nunca sé lo que aprenderé de los niños en ese par de horas. Ya sea algo que haya aprendido de ellos o un proyecto que me hayan dado, estos niños me han enseñado más sobre amor y fortaleza que cualquier adulto. Ellos son increíbles.

Querida Melaleuca:

En el Hogar Infantil Santa Lucía había una niña que era un poquito mayor que el resto. Su nombre era Carolina; con frecuencia, Carolina y yo conversábamos de sus experiencias en la escuela y otras cosas que pasaban en su vida.

Un día fui a Santa Lucía y note que ella ya no estaba ahí. Cuando pregunté a dónde se había ido, me enteré de que había sido adoptada recientemente. Mis ojos se llenaron de lágrimas y me sentí feliz por ella, pero también me di cuenta de que nunca pude despedirme de ella.

Una de sus amigas me dijo que Carolina había dejado algo para mí. Ella fue a traerlo y regresó con una pequeña fotografía de Carolina luciendo más feliz que nunca. Miré la foto con emoción y la guardé en mi cartera. Cuando estaba en medio de mis actividades, escuché un golpecito en la puerta y al levantar la mirada, ¡vi que ahí entraba Carolina! Ella corrió hacía mí y me echó sus brazos alrededor y me dijo que había venido a decirme adiós.

Ella se puso a hablar de su nueva familia y lucía tan feliz con su nuevo corte de pelo, adornado con cintas rosadas, sus relucientes zapatos negros y una encantadora sonrisa en su rostro. Siempre recordaré cómo se veía ella ese día, ¡tan hermosa y feliz.

Querida Melaleuca:

Detrás de las paredes del Hogar Infantil Santa Lucía, hay sonidos y sentimientos que son difíciles de olvidar. El ruido y las distracciones de la calle están bloqueados por las paredes de Santa Lucía, así que los únicos sonidos que se escuchan son los de los niños jugando en el patio, pateando una pelota, balanceándose en el columpio o corriendo a darte la bienvenida a su hogar.

Estos niños irradian amor e inocencia a través de sus sonrisas, sus abrazos, sus risas y sus lágrimas, es algo difícil de describir. A pesar de su difícil pasado y de la humildad que los rodea, ellos son saludables y felices y están dispuestos a compartir lo que tienen con cualquiera que entre a su hogar. Este ejemplo de amor incondicional es una de las cualidades que hacen que el Hogar Infantil Santa Lucía sea tan especial para muchos niños.

Querida Melaleuca:

Durante una de mis primeras visitas a Santa Lucía, fui testigo de un inolvidable acto de desinterés de alguien muy joven. Se acercaba la Navidad y estábamos afuera en el patio compartiendo con los estudiantes de una escuela local quienes habían venido a donar ropa y juguetes a los niños de Santa Lucía.

Una niña del Hogar Infantil, Carolina, quien tenía alrededor de ocho años de edad en ese entonces, estaba sentada conmigo y otra voluntaria enseñándonos los regalos que había recibido. Cuando ella escuchó que el cumpleaños de esa voluntaria era el siguiente día, muy emocionada se quito su pulsera nueva que acababa de recibir y se la dio a la voluntaria diciendo: "quiero darte esto para tu cumpleaños".

A pesar de los intentos de la voluntaria para convencer a Carolina de que ella no necesitaba renunciar a su pulsera, Carolina insistió en que la tomara. Le dijo a la voluntaria que era algo que siempre le recordaría de ella. El desinterés mostrado por esta niña se hizo evidente de una manera tan sencilla y sincera que nunca lo olvidaré.

Querida Melaleuca:

¡Mishel es una niña tan linda! Al principio era tranquila y tímida, pero después de conocerme un poco, dejó relucir su personalidad. Mishel siempre se comporta muy bien y me encanta verla interactuar con su hermano Pablo.

Recuerdo que un día, Pablo quería la hoja en la que Mishel estaba coloreando, así que ella trató de interesarlo en otra hoja. Pablo no quería otra y Mishel se dio cuenta, así que ella le dio su página y agarró otra. Fue una de las cosas más lindas que he visto. Una niña tan pequeña, que no tiene más de seis años, cuidando de su hermanito y queriendo mantenerlo siempre feliz.

Querida Melaleuca:

Cuando empecé a visitar el Hogar Infantil Santa Lucía, Pablo era bien tímido y rara vez quería participar en las actividades con los voluntarios. Si estaba afuera con nosotros, se sentaba al lado de uno de los niños mayores y hacía las actividades a medias. En el quinto mes en el que he estado allí, he visto un cambio rotundo en ese niño. Pareciera que hubiera pasado de la noche a la mañana. Un día, el vino corriendo con el resto de los niños con una tremenda sonrisa y con sus brazos abiertos para darnos un abrazo. Nunca había estado tan contenta de recibir un beso todo mojado en la mejilla como lo estaba ese día. Me sorprende como estos niños han tenido un tremendo impacto en mi vida con su amor y sonrisas.

Querida Melaleuca:

Una de las cosas que más disfruto del Hogar Infantil Santa Lucía es ver a los niños divirtiéndose. Me encanta cuando están todos emocionados y disfrutando de la actividad. Me recuerdo de una actividad que realizamos en donde se pintaban alimentos y se utilizaba crema de afeitar. En esta actividad le enseñamos sobre los colores primarios y como crear nuevos colores. Los pusimos a realizar formas con la crema de afeitar, y, hasta los niños más pequeños se estaban divirtiendo mucho. Estaban muy emocionados con el proyecto y se entristecieron cuando llegó la hora de limpiar y recoger todo. Nunca olvidaré como se veían todos llenos de crema de afeitar y con una sonrisa de oreja a oreja.

Querida Melaleuca:

En Santa Lucía, tratamos de tener un día de lectura una vez a la semana. Lo que más disfruto de ellos, es que los niños más grandes terminan leyéndole los libros a los voluntarios y a los niños más pequeños. Me encanta ver como tratan de pronunciar las palabras y las expresiones en sus caras al escuchar el cuento por primera o enésima vez. Es increíble como hasta los niños más pequeños le prestan atención a la lectura y tratan de no perderse ningún detalle. El sentarme en el piso a leer cuentos con esos niños es una de mis actividades favoritas en Santa Lucía.

Querida Melaleuca:

En Santa Lucía, los niños son maravillosos. A ellos les encanta que vengamos y hagamos actividades con ellos. Están dispuestos a intentar cosas nuevas y emocionantes. Me recuerdo cuando pintamos sus manos para que las marcaran en tarjetas. Todos estaban tan emocionados por hacer su marca. Recuerdo que un niño, Heraldo, fue muy paciente y esperó a que termináramos con los niños pequeños y estaba muy emocionado cuando llegó la hora de que le pintáramos sus manos. Su actitud fue tan linda, la verdad nos divertimos mucho. Todos los niños están muy agradecidos. Se nota en la manera en la que se comportan a nuestro alrededor que realmente desean que estemos allí.

Como Coordinadora del Hogar Santa Lucía, he participado en la mayoría de las actividades y puedo decir honestamente que quiero mucho a los niños. Cada uno tiene su propia personalidad, ninguno de ellos es "simplemente lindo". Desearía poder tener tiempo para hablar sobre cada uno de ellos, pero voy a tratar de resaltar lo más destacado de cada familia.

"Familia 1": Normalmente es la más alborotada. Consiste en una familia sólo de varones de ocho años de edad, en la cual Pancho es el líder. Ellos quieren mucho a las muchachas de la Organización de servicios de apoyo para orfanatos (OSSO) y son un poco alocados, pero son muy divertidos.

"Familia 2": A ellos les encantan los días de lectura, especialmente a Jorge. Él lee en alto para el resto de los niños y pronuncia la letra "R" más que ningún otro niño que haya conocido. El único libro que se opone a leer es "Jorge el curioso".

"Familia 3": Usualmente es la familia que mejor se comporta. A ellos les encanta bailar y cantar, así que la mayoría de las actividades terminan con cantos y David tratando de bailar "break dance".

"Familia 4": Incluye a los famosos Cristian e Isabel, quienes utilizan la ropa más llamativa que consigan (ella tiene tres años y creo que se viste sola), y, por supuesto, está Gustavo, quien tiene una de las sonrisas más grandes que he visto.

"Familia 5": Es la familia de hermanos. Omar está normalmente ayudando a su hermanita menor, Jessica, antes que a los demás. Janeth y Gisela siempre se sientan juntas y comparten sus lápices de colores. Normalmente las actividades aquí están siempre llenas de energía y diversión.